¡Árbitro! ¡Árbitro!

junio 03, 2009 1 Comments


En ciertas ocasiones personas ajenas al mundo del ajedrez que asistían a un torneo, me han comentado que les ha resultado muy extraño ver que existía un árbitro al que los jugadores recurrían eventualmente para realizar reclamaciones. Incluso se han sorprendido mucho más cuando han asistido a alguna trifulca en la que alguno de los jugadores o ambos perdían los nervios o mostraban alguna actitud poco deportiva.

Los que llevamos media vida (o más) en el mundo de las 64 casillas ya no nos asustamos fácilmente de lo que puede ocurrir en un torneo, pero los que además nos dedicamos a la enseñanza sí que es importante que preparemos a nuestros alumnos para algunas situaciones poco agradables que pueden producirse en la competición.

Saber realizar una reclamación correctamente es importante. Hacerlo con educación y calma es el camino a seguir. Pero permitidme que exprese una idea con la que, tal vez, no todo el mundo esté de acuerdo. Llevar razón no es suficiente motivo para recurrir al árbitro. Me explico: me llama poderosamente la atención observar como algunos niños recién iniciados, que aun no saben dar mate con rey y dama contra rey, ya han sido instruidos para hacer reclamaciones que, en mi opinión, sirven de poco. Con cierta frecuencia veo como estos chicos paran el reloj para reclamar, por ejemplo, que su rival ha olvidado anotar una jugada, o que ha pulsado en una ocasión el reloj con diferente mano con la que ha jugado, o que ha ofrecido tablas y no ha anotado el signo = en la planilla. Resumiendo, que no perdonan ni media. Creo que estar tan pendiente de los pequeños detalles implica, tal vez, que no se está lo suficientemente concentrado en lo que ocurre dentro del tablero. Además durante una reclamación pueden producirse problemas que sirvan para desconcentrarnos definitivamente de la partida.

Mi consejo es: durante la competición reclama cuando sea necesario, por ejemplo si tu rival tira continuamente las piezas, o deja de anotar cuando debe hacerlo (no una sola jugada), o toca una pieza y después quiere mover otra, o en definitiva cuando tu rival se está beneficiando de manera clara de sus irregularidades o de un comportamiento antideportivo. Pero no pares la partida por un pequeño descuido de tu rival o por un detalle sin importancia, que puede provocar posibles discusiones durante la reclamación que supongan la pérdida de concentración para el resto de la partida.

Luís Fernández Siles

Entrenador de ajedrez y director de Capakhine, la revista de ajedrez para los niños y sus padres.

1 comentarios:

GMBarranco dijo...

Uf. Totalmente de acuerdo contigo. Es el cliché popular, que no percibe la intensa contienda que hay en ese aparentemente amigable jueguecito de piezas, tranquilo, plácido ante la copa y la chimenea. Lo curioso es pensar en cierta evolución histórica producida. Hemos pasado de la nula alusión al árbitro en los viejos textos -o su alternativa que eran los mirones o los propios jugadores- a las 74 alusiones, creo, de las más recientes Leyes del Ajedrez. Esto es terrible ¡pero tan conveniente para los árbitros!