Exceso de cálculo


Ya hemos hablado en más de una ocasión de cómo táctica y estrategia van de la mano, se necesitan y se complementan. La estrategia es una gran enciclopedia que contiene todas las ideas generales que vamos aprendiendo con la práctica y el estudio. La táctica también está formada a base de ideas, figuras y conceptos conocidos, pero se construye partida a partida a base de variantes. Esto último es lo que llamamos el cálculo.

De nada serviría conocer muchos planes relacionados con las diferentes estructuras de peones, saber asociar ciertas rupturas con ciertos tipos de centro, entender bien las debilidades de los reyes y cómo castigarlas, etc (todo esto es estrategia), sino fuéramos capaces de calcular correctamente una secuencia de jugadas (variantes y cálculo puro y duro).

Un descubrimiento reciente me ha servido para darme cuenta de cómo algunos jugadores abusan del cálculo en detrimento de sus propios conocimientos estratégicos. Es fácil perderse en la jungla de las variantes, preocuparse por ciertas jugadas que podrían llegar a ser molestas dentro de 20 movimientos, revisar una por una cada jugada y su respuesta, y la que haremos más tarde...y la siguiente...

Uno de mis alumnos, por ejemplo, juega una partida y sabe perfectamente cuál es el plan correcto en ciertas posiciones. Conoce las maniobras típicas, las rupturas adecuadas, las disposiciones de piezas oportunas, etc. Sin embargo, cuando está inmerso en una partida de torneo, se pierde en un mar de variantes innecesarias. Tanta variante con frecuencia lo aleja del plan principal (curiosamente el que él conoce casi a golpe de vista), lo agota y lo hace caer en apuros de tiempo.

No hace falta llegar tan lejos en nuestros cálculos. No somos Fritz, ni Rybka y tratar de emularlos durante la partida no es la mejor opción. Debemos tener siempre presentes nuestros conocimientos generales y confiar en ellos. Reservemos los largos cálculos para ciertos momentos críticos y puntuales en la partida y para cuando llegue el momento del remate.

Test de Ajedrez (25). Héroes del pasado.


La partida que ofrecemos en este test está protagonizada por dos jugadores legendarios. Ambos fueron campeones del mundo y siempre serán recordados como dos de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos: Capablanca y Alekhine.

En sus luchas se pueden encontrar gloriosas victorias, finales muy didácticos, combinaciones impresionantes, lecciones continuas... La partida que sirve de test fue jugada en el XIII Campeonato Mundial de Ajedrez, en el año 1927. ¿Serás capaz de jugar como Capablanca?

Ve avanzando jugada a jugada pinchando el tercer botón que se halla bajo el visor. Cuando aparezca un texto debajo del visor sigue las instrucciones. Ve anotando los puntos que sumas cuando aciertas las jugadas que se te piden.




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Menos de 10 puntos: Hay que pensar más...

De 10 a 24 puntos: Bien hecho

De 25 a 39 puntos: ¡Muy bien!

De 40 a 54 puntos: ¡Excelente!

De 55 a 68 puntos: A sus pies G.M., es un honor que se entretenga en estos juegos mundanos...

Más de 68 puntos: ¡Aprende a sumar por favor!

Enroques opuestos, una vez más.


Como plantea el G.M. Dorfman en su estupenda obra El Método en Ajedrez, a la hora de valorar una posición lo primero que debemos mirar la situación de los reyes. De poco sirve la correlación de material, o los factores posicionales si un bando tiene el rey tan expuesto que poco puede hacer por salvarlo.

Dentro de las situaciones características que se pueden estudiar donde la situación de los reyes resulta esencial a la hora de trazar planes, una de las más comunes es la de enroques opuestos, es decir, aquellas en las que un bando enroca largo y el otro corto.

Son estas posiciones donde el ataque y la iniciativa juegan un papel fundamental, y el material y algunos factores posicionales pierden importancia con respecto a los temas relacionados con la seguridad de ambos reyes.

Hay patrones que conviene aprender, como el ataque avanzando los peones del flanco donde enroca el rival o la importancia de llegar primero en el ataque.

Hoy Magnus Carlsen ha vencido a Nakamura en una partida muy característica de este tipo de posiciones, donde el llegar primero en el ataque ha resultado fundamental. De hecho, cuando el prodigio noruego ha asaltado ferozmente el enroque enemigo, su rival apenas había amagado con atacar.

Podéis ver la partida en el visor.





Equilibrio


Principalmente me encuentro con dos tipos de alumnos: los que sobre todo piensan en lo que pueden y quieren hacer con sus piezas y los que sobre todo piensan en lo que su rival quiere hacer. No es preciso aclarar que ninguna de las dos posturas son correctas y que, una vez más, en el término medio está la virtud.

Los del primer grupo pasan por alto las posibilidades del rival, suelen olvidarse de su rey y de la eficacia de las piezas enemigas. Suelen ser sorprendidos por ataques a su enroque o bien alguna pieza propia acaba pereciendo en manos del bando opuesto, por permanecer olvidada en algún lugar del tablero donde no parecía ocurrir nada importante.

Los del segundo grupo juegan con miedo, puesto que multitud de fantasmas pueblan el tablero. El fantasma de la superpoderosa dama enemiga que acabará creando amenazas imparables o depilando toda nuestra estructura de peones, el fantasma de los peones rivales que podrían llegar a avanzar tanto como para convertirse en dama, el fantasma de una simple clavada o un jaque eventual. El pánico suele llevarles a pasar por alto las posibilidades propias y a jugar con un exceso de profilaxis que el mismísimo Vaticano criticaría.

Y una vez más debemos de tratar de acercarnos al equilibrio, algo que caracteriza a los mejores jugadores de la actualidad. Equilibrio entre la táctica y la estrategia. Equilibrio entre una buena preparación teórica y un buen conocimiento en los finales. Equilibrio entre la ventaja estática y la dinámica. Equilibrio entre el pensamiento profiláctico y el ajedrez creativo.

Pues sí, al final tendremos que aprender a andar sobre una cuerda.

Olfato para el remate


Resolver con acierto variados problemas de táctica no es garantía de hallar las combinaciones que se encuentran escondidas en nuestras partidas. Claro que es un buen comienzo. Aquel que no está familiarizado con los principales temas tácticos, combinaciones frecuentes, figuras de mate habituales, etc, tendrá más dificultad a la hora de encontrarlas.

Pero hace falta despertar un olfato especial para saber que ha llegado el momento de buscar algo táctico. ¿Cuántas veces pasan inadvertidos ciertos remates que hubiéramos hallado fácilmente si alguien nos hubiera dicho "blancas juegan y ganan"? Ese es el problema: no se trata de un problema, aunque suene redundante. Se trata de una partida real, de un momento concreto, de una posición única.

Pero vayamos al grano: ¿se puede mejorar ese olfato? ¿Cuándo debemos comportarnos en una partida como si nos halláramos frente a un problema?

Estaría bien detectar ciertas etiquetas que pueden sugerir que ha llegado el momento del remate. Las tres primeras que propongo serían más o menos conocidas.

1.- El rey enemigo está débil.

2.- El rival está muy retrasado en el desarrollo.

3.- Las piezas enemigas no se hallan coordinadas (ocupan malas casillas y/o varias de ellas están indefensas)

Pero a mi me gusta añadir una cuarta, de mi propia cosecha:

4.- Si has mejorado todas tus piezas al máximo, sacándoles el máximo rendimiento y no ves cómo mejorar tu posición...puede que te halles ante un posible remate táctico.

El tema de sacarle el máximo rendimiento a nuestras piezas es de la máxima importancia. Saber mejorarlas y encontrar las mejores casillas para situarlas no siempre es tarea sencilla. Me viene a la cabeza el extraordinario capítulo Planning in chess, escrito por Kosikov y perteneciente al libro Positional Play de Dvoretsky (y otros autores) , en donde se habla del tema de la mejora de las piezas y se propone el ejercicio de hallar la pieza peor situada y encontrar una buena casilla para ella. Habituarse a este tipo de procesos mentales resulta de la máxima importancia.

Enlazando con estas ideas prometo un futuro artículo acerca de lo que yo llamo el "potencial dinámico".

¡Enrócate!


Los que nos dedicamos a la enseñanza del ajedrez insistimos a nuestros alumnos acerca de la importancia del enroque. Da igual cual sea el nivel de juego de nuestros alumnos, antes o después aparece alguna partida en la que deberían haber enrocado antes o en la que parecen olvidar lo determinante que suele ser la seguridad del rey.

No ocurre sólo en las partidas de mis alumnos, sino que, en ocasiones, reviso alguna partida mía y me indigno al ver como he retrasado innecesariamente el enroque, como no he pensado lo suficiente en la seguridad del rey...

No ocurre sólo en las partidas de mis alumnos y en las mías, por suerte, ya que de ser así me sentiría responsable de mis errores y de los de mis alumnos. Incluso al más alto nivel nos encontramos con ejemplos de partidas en las que uno de los jugadores decide mantener su rey en el centro del tablero, y, en muchas de esas ocasiones esto es castigado oportunamente por el rival.

Hoy ha sucedido algo así en el Torneo de Nanjing, donde pelean algunos de los mejores ajedrecistas del mundo. Topalov, con blancas, ha decidido prescindir del enroque y su rey en el centro ha sido devorado por una dama y una torre enemigas, hábilmente dirigidas por Anand.

Podéis ver la partida en el visor.