La partida que ofrecemos en este test está protagonizada por dos jugadores legendarios. Ambos fueron campeones del mundo y siempre serán recordados como dos de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos: Capablanca y Alekhine.
En sus luchas se pueden encontrar gloriosas victorias, finales muy didácticos, combinaciones impresionantes, lecciones continuas... La partida que sirve de test fue jugada en el XIII Campeonato Mundial de Ajedrez, en el año 1927. ¿Serás capaz de jugar como Capablanca?
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De 10 a 24 puntos: Bien hecho
De 25 a 39 puntos: ¡Muy bien!
De 40 a 54 puntos: ¡Excelente!
De 55 a 68 puntos: A sus pies G.M., es un honor que se entretenga en estos juegos mundanos...
Más de 68 puntos: ¡Aprende a sumar por favor!
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Como plantea el G.M. Dorfman en su estupenda obra El Método en Ajedrez, a la hora de valorar una posición lo primero que debemos mirar la situación de los reyes. De poco sirve la correlación de material, o los factores posicionales si un bando tiene el rey tan expuesto que poco puede hacer por salvarlo.
Dentro de las situaciones características que se pueden estudiar donde la situación de los reyes resulta esencial a la hora de trazar planes, una de las más comunes es la de enroques opuestos, es decir, aquellas en las que un bando enroca largo y el otro corto.
Son estas posiciones donde el ataque y la iniciativa juegan un papel fundamental, y el material y algunos factores posicionales pierden importancia con respecto a los temas relacionados con la seguridad de ambos reyes.
Hay patrones que conviene aprender, como el ataque avanzando los peones del flanco donde enroca el rival o la importancia de llegar primero en el ataque.
Hoy Magnus Carlsen ha vencido a Nakamura en una partida muy característica de este tipo de posiciones, donde el llegar primero en el ataque ha resultado fundamental. De hecho, cuando el prodigio noruego ha asaltado ferozmente el enroque enemigo, su rival apenas había amagado con atacar.
Podéis ver la partida en el visor.
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Principalmente me encuentro con dos tipos de alumnos: los que sobre todo piensan en lo que pueden y quieren hacer con sus piezas y los que sobre todo piensan en lo que su rival quiere hacer. No es preciso aclarar que ninguna de las dos posturas son correctas y que, una vez más, en el término medio está la virtud.
Los del primer grupo pasan por alto las posibilidades del rival, suelen olvidarse de su rey y de la eficacia de las piezas enemigas. Suelen ser sorprendidos por ataques a su enroque o bien alguna pieza propia acaba pereciendo en manos del bando opuesto, por permanecer olvidada en algún lugar del tablero donde no parecía ocurrir nada importante.
Los del segundo grupo juegan con miedo, puesto que multitud de fantasmas pueblan el tablero. El fantasma de la superpoderosa dama enemiga que acabará creando amenazas imparables o depilando toda nuestra estructura de peones, el fantasma de los peones rivales que podrían llegar a avanzar tanto como para convertirse en dama, el fantasma de una simple clavada o un jaque eventual. El pánico suele llevarles a pasar por alto las posibilidades propias y a jugar con un exceso de profilaxis que el mismísimo Vaticano criticaría.
Y una vez más debemos de tratar de acercarnos al equilibrio, algo que caracteriza a los mejores jugadores de la actualidad. Equilibrio entre la táctica y la estrategia. Equilibrio entre una buena preparación teórica y un buen conocimiento en los finales. Equilibrio entre la ventaja estática y la dinámica. Equilibrio entre el pensamiento profiláctico y el ajedrez creativo.
Pues sí, al final tendremos que aprender a andar sobre una cuerda.
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Resolver con acierto variados problemas de táctica no es garantía de hallar las combinaciones que se encuentran escondidas en nuestras partidas. Claro que es un buen comienzo. Aquel que no está familiarizado con los principales temas tácticos, combinaciones frecuentes, figuras de mate habituales, etc, tendrá más dificultad a la hora de encontrarlas.
Pero hace falta despertar un olfato especial para saber que ha llegado el momento de buscar algo táctico. ¿Cuántas veces pasan inadvertidos ciertos remates que hubiéramos hallado fácilmente si alguien nos hubiera dicho "blancas juegan y ganan"? Ese es el problema: no se trata de un problema, aunque suene redundante. Se trata de una partida real, de un momento concreto, de una posición única.
Pero vayamos al grano: ¿se puede mejorar ese olfato? ¿Cuándo debemos comportarnos en una partida como si nos halláramos frente a un problema?
Estaría bien detectar ciertas etiquetas que pueden sugerir que ha llegado el momento del remate. Las tres primeras que propongo serían más o menos conocidas.
1.- El rey enemigo está débil.
2.- El rival está muy retrasado en el desarrollo.
3.- Las piezas enemigas no se hallan coordinadas (ocupan malas casillas y/o varias de ellas están indefensas)
Pero a mi me gusta añadir una cuarta, de mi propia cosecha:
4.- Si has mejorado todas tus piezas al máximo, sacándoles el máximo rendimiento y no ves cómo mejorar tu posición...puede que te halles ante un posible remate táctico.
El tema de sacarle el máximo rendimiento a nuestras piezas es de la máxima importancia. Saber mejorarlas y encontrar las mejores casillas para situarlas no siempre es tarea sencilla. Me viene a la cabeza el extraordinario capítulo Planning in chess, escrito por Kosikov y perteneciente al libro Positional Play de Dvoretsky (y otros autores) , en donde se habla del tema de la mejora de las piezas y se propone el ejercicio de hallar la pieza peor situada y encontrar una buena casilla para ella. Habituarse a este tipo de procesos mentales resulta de la máxima importancia.
Enlazando con estas ideas prometo un futuro artículo acerca de lo que yo llamo el "potencial dinámico".
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Los que nos dedicamos a la enseñanza del ajedrez insistimos a nuestros alumnos acerca de la importancia del enroque. Da igual cual sea el nivel de juego de nuestros alumnos, antes o después aparece alguna partida en la que deberían haber enrocado antes o en la que parecen olvidar lo determinante que suele ser la seguridad del rey.
No ocurre sólo en las partidas de mis alumnos, sino que, en ocasiones, reviso alguna partida mía y me indigno al ver como he retrasado innecesariamente el enroque, como no he pensado lo suficiente en la seguridad del rey...
No ocurre sólo en las partidas de mis alumnos y en las mías, por suerte, ya que de ser así me sentiría responsable de mis errores y de los de mis alumnos. Incluso al más alto nivel nos encontramos con ejemplos de partidas en las que uno de los jugadores decide mantener su rey en el centro del tablero, y, en muchas de esas ocasiones esto es castigado oportunamente por el rival.
Hoy ha sucedido algo así en el Torneo de Nanjing, donde pelean algunos de los mejores ajedrecistas del mundo. Topalov, con blancas, ha decidido prescindir del enroque y su rey en el centro ha sido devorado por una dama y una torre enemigas, hábilmente dirigidas por Anand.
Podéis ver la partida en el visor.
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Durante una partida el jugador debe mantenerse atento sobre muchos detalles de la posición. A veces alguno de esos detalles (la tensión en el centro, una posible ruptura en el flanco de dama, una maniobra en el flanco de rey, cierto sacrificio...) resulta particularmente molesto. Pero cuidado, eso no quiere decir que tengamos que evitar esas opciones del rival inmediatamente.
En la lucha ajedrecística uno de los puntos decisivos consiste en entender qué es lo más importante en cada momento. Los grandes jugadores saben (a veces con un sólo vistazo al tablero) qué es lo más importante en cada posición, por lo que les resulta mucho más fácil hallar el camino correcto.
Pero volvamos a esos detalles molestos, a esas jugadas de nuestro rival que, de alguna manera, nos incomodan. Tengo un par de alumnos que con frecuencia, cuando analizamos sus partidas, me explican: "hice esta jugada porque me molestaba que me hiciera esta..." o "no me sentía cómodo mientras mi rival pudiera jugar esta..." o el más sincero "no quería estar todo el rato pendiente de si mi rival juega esta..."
Vamos acercándonos al quid de la cuestión. En una partida de ajedrez a veces no queda más remedio que estar constantemente alerta contra una posible idea de nuestro rival. Evitarla totalmente no tiene porque ser la solución, sino que puede traer peores consecuencias. El problema es cuando se toma la decisión de parar una idea del rival sólo porque nos molesta o lo que es más grave, porque no queremos estar todo el rato pendiente de cierta opción que tiene nuestro rival. Es decir, queremos sentirnos cómodos, sin preocupaciones, sin tener que estar pendiente de otra cosa que no sea dar mate al rey enemigo. Tal vez podríamos añadir que sería una buena idea jugar en una hamaca, junto a una playa paradisíaca y acompañados de alguien que nos masajea el cuello y nos acerca nuestra copa entre jugada y jugada.
Nuestra obligación durante la partida es la de hallar el mejor camino, la mejor jugada en cada momento. Buscar la comodidad no siempre coincide con este camino.
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