Las malas costumbres

Algunos jugadores tienen comportamientos en el tablero que no son nada aplaudibles. Unos miran fijamente al rival, buscan sus ojos con insistencia en un intento de amedrentarlo, aturdirlo o simplemente molestarlo. Otros mueven las piezas con gestos de superioridad, atornillando las piezas que mueven en la casilla de destino. Los hay que componen continuamente las piezas, incluso en el tiempo del rival, lo que supone una irregularidad que además puede resultar molesta.
Están aquellos que ofrecen continuamente tablas al rival, dándole igual si en realidad su posición es inferior o su rival muy superior. Sobre este punto quisiera hacer un comentario. Ya hablé de algunos temas relacionados con las ofertas de tablas en un artículo anterior.
Existe un regla implícita que es bueno tener presente durante una partida. Las tablas se deben ofrecer solamente una vez. Si tu rival las rechaza eso supone que no debería haber ninguna otra oferta de empate hasta que él cambie de idea y decida ofrecerlas, si es que eso llegara a ocurrir. De no ocurrir no deberíamos volver a insistir.
También es muy feo ofrecer tablas en posiciones que quizá puedan llevar al empate jugando con precisión, pero en las que somos el bando débil. Me explico: si estoy jugando un final con peón de menos donde con una defensa exacta puedo hacer tablas tendré que demostrarlo en el tablero. Si mi rival (que tiene un peón de más) quisiera tablas las pediría, puesto que yo con peón de menos no puedo jugar a ganar. Es decir, en posiciones que tal vez sean de igualdad, pero donde sólo mi rival puede jugar a ganar yo no debería ofrecer tablas. Deberé demostrar que sé defender ese final y esperar a que mi rival quede convencido de ello y ofrezca tablas o repita posiciones.
Y nada de pedir tablas muchas veces. Recordad, las tablas se proponen una vez, no se suplican treinta veces.
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