Hace un par de días dediqué un artículo al tema de los apuros de tiempo. Estos días se ha celebrado en Granada el Campeonato de España para menores de 8 años. Me sorprende ver el buen nivel que tienen algunos de los participantes de este evento a pesar de su corta edad. El ritmo de juego era de 65 minutos por jugador para toda la partida. Apenas 20 minutos después del comienzo de cada ronda muchas de las partidas habían concluido. Incluso en las primeras mesas casi todos los jugadores empleaban muy poco tiempo para la reflexión de cada

movimiento. Todo lo contrario al tema que tratamos hace un par de días en el citado artículo.
La solución no es sencilla.
Por mucho que los entrenadores insistimos a nuestros pequeños alumnos sobre la importancia de pensar más cada jugada, y por mucho que los jóvenes ajedrecistas nos aseguran que pensarán más en la próxima partida, la historia se repite ronda a ronda.El tiempo pasa de diferente manera a estas edades. Recuerdo lo eterno que parecía un día cuando era niño. Una mañana en el colegio era larguísima. Incluso en el recreo daba tiempo para hacer muchas cosas, comerte el bocadillo, jugar al fútbol, corretear por el patio, hacer alguna trastada, etc, etc…
En la mayoría de los casos, conforme los chicos se van haciendo mayores este problema se va solucionando y, poco a poco, van invirtiendo más tiempo para pensar durante la partida. Pero resulta difícil que esto cambie con rapidez. Es como pedirle a un niño: “Venga, para la próxima partida, madura.”
Pero supongo que aunque es difícil, los entrenadores tenemos la obligación de insistirles en el tema del tiempo para que
no conviertan una partida lenta en una rápida.