Finales. Estudios de Reti (3)


Ya comenté en la primera de las entradas dedicadas a Reti, que su famosa maniobra podía tener aplicación incluso en finales que no eran sólo de peones. Os dejo un par de ejemplos para que intentéis resolverlos y en unos días les añadiré la solución.



Para los que no hayáis visto los ejemplos anteriores de la maniobra de Reti en este enlace tenéis el primero y en este otro el segundo.


Blancas juegan y hacen tablas


Blancas juegan y hacen tablas
La solución al primero es:

1.Re7! g5 2.Rd6 g4 3.e7 Ab5 4.Rc5 Ae8 5.Rd4 g3 6.Re3 ½–½
La solución al segundo es:
1.Rc6 Aa5 2.Rd5 Ac3 3.h7! f5 4.d7 Re7 5.d8D+ Rxd8 6.Re6 f4 7.Rd5 f3 8.Rc4 ½–½

Tutorial ChessBase (1) Creando bases e introduciendo partidas


Como decía hace unos días los programas de ajedrez como ChessBase, Fritz o Rybka son muy útiles para el estudio ajedrecístico. Con frecuencia descubro que mis nuevos alumnos se manejan con serias dificultades con ellos. Tener una base de datos en ChessBase con las partidas que se juegan resulta imprescindible. Muchas veces les pido a mis alumnos que me manden una base por e-mail con sus partidas y encuentran algunos problemas para hacerlo. Como siempre tengo que explicarles el mismo método, he decidido resumirlo aquí y resultará más fácil remitirlos a estas líneas y de paso compartir la información con todos los visitantes de este blog.

Ahora voy a explicar cómo crear una base y cómo introducir nuestras partidas y muy pronto publicaré otra entrada explicando cómo enviar una base por e-mail de la manera más sencilla. Con el tiempo iré añadiendo más artículos sobre el manejo de ChessBase.

Una vez abierto el programa, para crear una nueva base de datos debemos pinchar en Archivo, en el menú superior, elegir Nuevo y Base de Datos, tal y como vemos en la imagen.



El programa nos pedirá que indiquemos la ruta en la que quedará guardada la nueva base en nuestro ordenador, con el nombre que en este momento le asignemos.



Una vez que elijamos donde guardar la base y con qué nombre pinchamos Guardar y la nueva base queda creada y aparecerá en la ventana principal del programa.



Si pinchamos en esa nueva base, entramos en ella, aunque lógicamente, aparecerá sin partidas.



Para introducir una partida en la base pinchamos el tablero pequeño del menú superior, o también podemos usar el atajo Ctrl + N.



Una vez que tenemos el tablero tan sólo debemos ir arrastrando las piezas para introducir las jugadas de la partida. Cuando finalizamos tenemos que grabar la partida con sus datos correspondientes. Para ello nos vamos a Archivo – Guardar tal y como aparece en la siguiente imagen (también sirve el atajo Ctrl + S)



Ahora debemos introducir los datos que queremos que aparezcan en la partida. No es necesario rellenar todos, aunque resulta imprescindible los nombres de los jugadores y el resultado de la partida. Otros datos como la fecha o el torneo también son muy recomendables.



Una vez que hemos completado los datos, pinchamos OK y ya tenemos la partida guardada en la base.



Podemos repetir el proceso para introducir tantas partidas como queramos.
Todo ajedrecista que se precie debe tener una base con sus partidas, que irá introduciendo conforme las vaya jugando.

Test de Ajedrez (3) Recordando a Rubinstein


Os ofrecemos un nuevo test, con el genial jugador Akiba Rubinstein como protagonista, con las piezas blancas, en la partida que disputó frente a Regedzinski en 1927. ¿Serás capaz de jugar como él?

Ve avanzando jugada a jugada pinchando el tercer botón que se halla bajo el visor. Cuando aparezca un texto debajo del visor sigue las instrucciones. Ve anotando los puntos que sumas cuando aciertas las jugadas que se te piden.






De 0 a 15 puntos: Hay que pensar más...

De 15 a 30 puntos: Bien hecho

De 30 a 45 puntos: ¡Muy bien!

De 45 a 60 puntos: ¡Excelente!

De 60 a 75 puntos: A sus pies G.M., es un honor que se entretenga en estos juegos mundanos...

Más de 75 puntos: ¡Aprende a sumar por favor!

Interferencias


Es difícil que durante una partida nuestra mente no se vea invadida por una serie de pensamientos que nada tienen con lo que ocurre dentro del tablero. Nuestra situación en el torneo, la fuerza de nuestro rival (sea mucha o poca), el ELO que se puede ganar o perder dependiendo del resultado final, lo que está ocurriendo en otras partidas que se están disputando en ese momento y que afectan a nuestra posición en la clasificación, lo que está pensando de nuestro último movimiento la persona que se encuentra mirando la partida en ese momento…y un largo etcétera.


No son más que interferencias que nada nos van ayudar a tomar las decisiones oportunas en el tablero. De todas esas interferencias voy a comentar un par de ellas en este artículo que son verdaderos lastres que llevan a cuestas algunos jugadores: el miedo a perder o la obsesión por ganar. Ambas demuestran que para el jugador lo más importante es el resultado. Si estamos hablando de jugadores en progresión, que no son profesionales y cuya vida no depende de ganar muchos torneos, esto es especialmente grave.


Ofrecer o aceptar tablas con mucha frecuencia en fases tempranas de la partida, aceptar tablas en posiciones superiores, realizar multitud de jugadas defensivas, no ser capaz de lanzar un ataque cuando la posición lo requiere, buscar simplificaciones innecesarias, buscar repeticiones de jugadas cuando no son necesarias, tratar de llegar a posiciones simétricas, apurarse excesivamente de tiempo, son algunos de los males en los que se refleja el miedo a perder.


Evitar el empate a toda consta, querer forzar de manera suicida en finales de igualdad, querer atacar cuando la posición no lo requiere, no aceptar las tablas bajo ningún concepto, evitar simplificaciones que tal vez son necesarias, buscar complicaciones desfavorables, arriesgar innecesariamente, y también en este caso apurarse excesivamente de tiempo, son algunos de los males en los que se refleja la obsesión por ganar.
Es fácil entender que ni una cosa ni otra ayudan a practicar un buen ajedrez. La receta es fácil de decir, pero difícil de hacer: hay que entender que el resultado sólo es parte de la partida, y no precisamente la parte más importante.

La eficacia de lo simple


Hace un par de días pude ver a dos jugadores sub16 jugando un final de torre y peón de caballo contra torre en la primera mesa de un torneo. La posición era tablas y ese fue el resultado final. Sin embargo me llamó la atención como el más fuerte de ellos, que era el que tenía el peón de más, intentaba vencer de todas las maneras posibles, llevando la torre por un lado, ahora por atrás, ahora por delante, depués trataba de progresar con su rey... Cada intento de conseguir algo en ese final era defendido por su rival, que cada vez usaba una manera diferente de defenderse, que improvisaba sobre la marcha y que resultaba efectiva. Eso sí, jugaban el apuro de tiempo y el bando defensor tenía que pensar la manera de defenderse cada vez que su rival hacía un nuevo intento.

Hay ciertos métodos defensivos muy útiles de conocer, a la vez de fáciles de recordar, que deben formar parte del conocimiento de cualquier ajedrecista.

Tanto en el final de torre y peón de caballo (peón b o peón g) contra torre, como en el caso de que sea peón de torre (peón a o peón h), la defensa pasiva en la primera línea resulta tan eficaz como simple. No hace falta ni siquiera recurrir a la posición de Philidor (que ocupará algún artículo en este blog en el futuro), tan sólo hay que situar el rey del bando defensor en la casilla de coronación del peón enemigo y colocar la torre en la primera fila, defendiendo al rey de cualquier jaque, como vemos en el siguiente diagrama.



Las blancas permanecerán pasivas una vez que lleguen a la posición del diagrama, moviendo su torre por la primera fila, estén donde estén las piezas del negro. El negro no puede progresar, tan sólo podría intentar situar su peón en b2, su rey en b3 y la torre en a1 dando mate, pero como es lógico, en cuanto las negras amenacen ese mate, las blancas darán jaque en la tercera fila y el peón de b2 se pierde.

Es bastante simple, repito, además sencillo de recordar, y se puede llegar a producir con cierta frecuencia.

Pero por favor, no olvidemos que la defensa pasiva que acabamos de ver sólo sirve cuando el peón es de torre o de caballo.

Ajedrez de silicio


En los tiempos que corren la ayuda informática resulta muy valiosa para el estudio de nuestro juego y para la preparación durante los torneos. Saber usar programas como el Chessbase o Fritz, mantener actualizadas bases de datos, o jugar partidas por Internet son cosas de las que nadie había oído hablar hace años, por la sencilla razón de que no existían.


Pero los jugadores de edades no muy avanzadas pueden hacerse una idea equivocada e incluso perjudicial de cómo se deben emplear estas herramientas. Por ejemplo, jugar a través de la red decenas de partidas diarias a 1 minuto ayudará bien poco a la formación del jugador. En cambio 6 ó 7 partidas a 5 minutos pueden ser útiles, especialmente si se revisan después las aperturas que hemos empleado. Tal vez descubramos ideas que no conocíamos. Para esa revisión las bases de datos manejadas con Chessbase u otro programa similar son de gran ayuda.


Pero me llama la atención como muchos jugadores usan los módulos de análisis (como Fritz o Rybka) pensando que nos pueden ofrecer de inmediato la verdad absoluta de una posición. No hay que confundirse, estos programas deben ser un soporte al análisis que realizamos sobre el tablero, pero seguramente aprenderemos y entenderemos mejor una posición si la examinamos en profundidad sobre el tablero, sin ayuda de ningún módulo, que si analizamos con un módulo guiándonos exclusivamente por las jugadas que recomienda.


Sobre esto último comento la que para mí, ha sido la anécdota del día. Me encuentro en estos momentos en un campeonato por edades. Preparando la partida de un jugador sub16 bastante fuerte usamos el módulo de análisis de Rybka en una posición determinada. Cuando terminamos el análisis, tenía que preparar a un jugador sub8, que al llegar miró la posición que había quedado en el tablero del ordenador, con el motor de análisis funcionando. Entonces se le ocurrió la idea. “¿Y si ponemos la posición inicial y vemos cuál es la mejor jugada?”